
INTERIOR, CASA DE TOMÁS - DÍA
Es un domingo soleado. Comienza la primavera. Pero el sol no entra en el cuarto de TOMÁS (20 añitos), que duerme como un oso sobre su cama. Los pájaros cantan ahí fuera. De pronto, se escuchan unos graznidos espantosos y el chaval se despierta de golpe, aturdido. Los graznidos cesan. TOMÁS mira al reloj digital. Justo pasa de las 16:59 a las 17:00. Esos números rojos son lo que más se ve en ese cuarto.
Se levanta de la cama. Está en gallumbos, a oscuras. Otra vez vuelven los graznidos. TOMÁS sube la persiana para ver qué es ese estruendo, y la luz entra en el cuarto como una catarata. Cierra ligeramente los ojos y justo cuando consigue ver bien los graznidos vuelven a desaparecer. TOMÁS sólo puede ver cómo unos gorriones juegan a ver quién da el salto más estúpido de rama en rama. Aparente normalidad... ¿pero qué bicho hacía ese ruido?
Se da media vuelta y descubre el caos de su cuarto: todo tirado por todo; camisetas, calcetines, discos, cojines, folios... TOMÁS alza la mirada y se descubre a sí mismo en el espejo. Tiene algo escrito en la tripa, con pintalabios granate. Hace un gesto de extrañeza y se acerca, incrédulo. Pero claro, en el espejo no puede leer lo que pone. Juraría que no es castellano...
El chaval sale de su cuarto. Mira a derecha e izquierda: el pasillo está vacío. Recorre la casa en busca de alguien que le pueda leer la tripa, pero en el resto de la casa tampoco hay nadie. ¿Dónde se han metido todos?
Tomás